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La última batalla de Mal (primera parte)


El asalto duraría unas horas, pero la batalla se ha prolongado por más de cinco días.  Años de planear este ataque no pueden terminar con una derrota.

El clima ha empeorado con más lluvias, aunque esta mañana amanece sin llover, el olor a tierra mojada, subraya más la tensa calma.

Los generales se acercan a la tienda principal del campamento a saludar al líder armado.  Este se queda en su alcoba, pensativo, callado.  Mal ha sido el mejor comandante que un ejército podría tener, conoce a su hombres, combate hombro a hombro con ellos, no deja nada al azar, todo obedece a una estrategia con múltiples escenarios vislumbrados, hasta premeditados, se podría decir.  Durante todo estos años ha desarrollado una intimidad con su enemigo que bien podría hermanarlos de no ser por su colosal deseo de aniquilar al otro, Mal sabe que hoy terminan décadas y décadas de la más grande guerra jamás conocida y no está dispuesto a quedar en segundo lugar.

En la fortaleza, se preparan los alimentos para el ejército, los caballos negros se ven más inquietos que de costumbre, Bien se ha despertado temprano para saludar de mano y besar en la mejilla a los soldados que pelearán hoy, más que el plan perfecto, hoy se pelea con todo el corazón, con la esperanza de erradicar la plaga que representan los contrincantes.  Bien ha decidido pintar con brochazos de sangre la coraza de cada uno de los combatientes, y lo está haciendo de propia mano.  Más que un estratega militar, Bien ha sido un líder paternal para todas sus huestes, quienes luchan con Él por su inspiración casi divina.

Cuando niños, Mal y Bien solían practicar sus incipientes dotes de guerreros con espadas de madera, lanzándose piedras, pertrechándose para emboscar el uno al otro.  La leyenda cuenta que ambos nacieron el mismo día, como si alguien hubiera maquinado que su destino era enemistarse el uno para el otro y vivir encarcelados en esa batalla.

El general extiende el mapa donde está dibujada la fortaleza de Bien y los campamentos de Mal, mientras se hacen las últimas cuentas de las municiones y viandas.  Otro general desplaza las figurillas que representan batallones en el plano, la táctica es hacer avanzar al batallón de arqueros al costado oeste del fuerte, resistiendo al contraataque, para después desplazar al resto del ejército.

Las huestes de Bien se alistan ya al escuchar las trompetas e izar los pendones; se prepara la infantería a las afueras del bastión, mientras las catapultas son alistadas en lo alto, están muy cerca de iniciar la batalla a muerte.

Se prolonga la reunión con Mal, un teniente, defiende con insistencia su argumento: el saldo de los combates de todos estos años es el mismo, por cada territorio ganado, se pierde otro, en promedio, la posesión de territorio de Bien es de 50.23%, mientras que Mal posee el 49.77%.  Las cifras del empate técnico hacen estallar de furia a Mal quien sacude el mapa y voltea la mesa, la ira no es contra su gente, es más el reflejo de la frustración añeja que lo carcome.

Uno de los consejeros de Bien se ha acercado con Él a preguntarle de nuevo el por qué de la cruenta guerra, Bien lo observa como introspectivo, sin responder, el consejero se aleja, resignado, sabe que su gran amigo y líder jamás le ha respondido esa pregunta...


-Alejandro Rivera Delgado
Julio 25, 2010.



Comentarios

  1. Es un tema difícil...es muy abstracto...enfrentar estas dos fuerzas sin poder definir quién es uno y quién es el otro...
    Todo es relativo y no podemos definir uno sin definir al otro...
    Para mí el bien y el mal son iguales...son gemelos que solo intercambian identidad y que libran una batalla contra los prejuicios que se generan a su paso...

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